¿Quién soy y qué somos?
Nací el 13 de julio de 1994 de una relación entre una judía italoespañola y un hombre de Cáceres. Ambos demasiado jóvenes, supongo que casados poco después de un arrebato de pasión adolescente. Tuvieron que reanimarme. Llegué con un fallo en el sistema respiratorio.
Desde que nací, mi pilar fundamental es mi abuelo. Me enseñó desde muy pequeña a trabajar la madera que es su pasión, a gestionar y administrar y a valorar el esfuerzo y el trabajo. Pero también me enseñó muchas otras cosas más relevantes. La cultura, las tradiciones, los valores, la importancia de la familia y sobre todo, el amor. Por eso todavía a veces hablo en presente. El amor es lo único más fuerte que la muerte.
Mis abuelos formaban la pareja más sólida que he conocido nunca. Se respetaban, amaban y cuidaban como nadie. Todo el día gruñéndose y riendo juntos. Un día, ella enfermó, convirtiéndose prácticamente en un bebé adulto dependiente en su totalidad de él para la alimentación, la higiene e incluso recordar su propio nombre. Nunca falló. Mi abuela falleció (Z"L) en sus brazos. Yo no esperaba menos de él.
Ese mismo día en mi casa nadie volvió a ser religioso en ninguna medida. Determinó que sus oraciones no valían nada porque en el caso de existir un Dios no era bueno o no le agradábamos, por lo que decidió que Dios era su esposa, y se comió unas gambas por primera vez en su vida.
Durante esa época, mi madre, además de haber estudiado Comunicación audiovisual y Producción, había sufrido un par de abortos (la vida me perdone pero después me alegré por ellos) y parecía que no iba a pasar nunca, pero el 21 de septiembre del 2000 llegó Miriam. Elegí ese nombre por la hermana de Moisés en El príncipe de Egipto. Ese día me sentí la persona más afortunada del mundo al tenerla en mis brazos. Todavía hoy sigo sintiendo lo mismo cuando la abrazo.
Los primeros años de su vida fueron complicados porque todo se torció. Mi abuelo también falleció (Z"L) y se me rompió el corazón, pero sabía que él era totalmente feliz en ese momento. Y siempre hay que alegrarse por la felicidad de quien amas.
Pero mi madre enfermó. Y se nos cayó el mundo. Miriam tenía 3 años y yo 9. Y empezó el primer ingreso largo, de muchos meses. La primera vez que todos pensábamos que también la perderíamos a ella, y en consecuencia, a nosotras.
El señor que vivía con nosotras me pegó por primera vez también ese día. Por llorar mucho. Dijo que le puse nervioso.
Al día siguiente ya entendí que todo iba a ser así. Que me había convertido en ama de casa y tenía que hacerlo todo. Y bien. Si se me olvidaba algo, me pegaba. Si se me rompía algo, me pegaba. Si llegaba a casa y algo no estaba a su gusto, me pegaba. Si hacía más ruido del que él queria, me pegaba. Y por supuesto si Miriam hacía alguna de esas cosas, me pegaba. También porque yo me culpaba. Existía una especie de pacto no escrito a través del cual yo nunca hablaba y me dejaba hacer de todo, si a ella nunca le pasaba nada.
Empezó a salir y volver cuando le apetecía, y yo a agradecerlo. Pero con el tiempo y el estado en el que llegaba, la rabia era peor. Ya no me pegaba un par de golpes y nada más. Empezaron los puñetazos y las patadas en el estómago y el tirarme sobre los trozos de lo que había roto para sentir las consecuencias en mi cuerpo. Empezó a apagar los cigarros en mi piel y en mi cabeza, a atarme con bridas, cuerdas o cinturones. Lo de los cinturones también lo he conocido en la espalda. Dormía en el suelo y cocinaba para él pero no tenía acceso a nada porque si faltaba algo y se daba cuenta era peor.
Los periodos breves en los que mi madre pudo estar en casa, recibíamos visitas de su familia y él parecía otro. Aunque se encargaba de recordarme que sería muy fácil matarla en ese estado. Y yo de recordarle a Miriam que confiase en mí aunque la matase.
Las treguas de salud duraban poco y después volvíamos a lo mismo. Y a la tortura psicológica que lo acompañaba. Quemar las fotos, romper nuestros recuerdos. Incluso ese día de mierda en el que decidió matar al hamster de mi hermana delante de sus ojos. Fue el único día que me enfrenté antes de que acabase todo. Y el día que pasé una semana en coma y perdí el 80% del enfoque del ojo derecho. Tenía 12 años. Y no me acuerdo de nada excepto de que me desperté y me dijeron que Miriam estaba con la hermana de mi abuela. Me volví a dormir todo el día.
No sé cómo conseguía hacer que nadie sospechase nada. Supongo que antes era más fácil creer y ya.
Desde el día que me recuperé de eso, cada vez que me pegó empecé a reírme. Sabía que suponía que me pegasen más. Pero siempre que me tiraba me levantaba. No es la decisión más inteligente, pero había que mantener el orgullo porque no me quedaba nada más.
Supongo que habrás deducido que toda esta época me la pasé robando. Sobre todo comida. Necesitaba sacar adelante a mi hermana. Robé en el supermercado, el comedor, en los bares, en las fruterías, en la sede de la iglesia y en cualquier sitio que se me ocurrió. Pero no pasó ni un día sin comer.
El día que todo acabó, me faltaba un mes para cumplir 16 años. Mamá estaba en casa así que todo estaba medianamente tranquilo. Pero esa noche, no sé por qué, él salió y no volvió hasta la madrugada llegando muy borracho. Como escuchamos golpes en la puerta nos levantamos. Miriam abrió y así, sin mediar palabra se llevó un tortazo porque según él, había tardado demasiado. Y yo no lo pude evitar y me lancé sobre él. Nos caímos juntos por las escaleras. Aproveché que no se lo esperaba y que se había llevado mucho más impacto para ser yo quien golpease.
Una vecina llamó a la policía y me detuvieron. Recuerdo perfectamente la cara de mi madre de no entender nada y la de mi hermana gritando. Yo sólo pedí que no las dejaran con él.
Me encerraron a la espera del juicio en un reformatorio. La gente llegaba pensando que aquello era el infierno pero había 3 comidas al día, un patio, libros y una cama así que me parecía todo lo contrario. Pasé los primeros días durmiendo en el suelo, comiendo poco y sin hacer nada pensando en cómo estaría mi hermana. Cuando recibí la primera llamada y supe que estaba bien, acepté las comodidades.
Ahí la vida no fue complicada para mí. Tuve un par de movidas pero la gente llegaba a tenerme miedo porque al final estaba ahí por un intento de asesinato.
En el juicio dije que no me arrepentía de nada excepto de no haberlo matado, en contra de mi abogado. Lo gané igual.
Al salir me di cuenta de que mi cabeza no estaba bien y que probablemente no lo estaría nunca. Escribí un montón de páginas para Miriam, una guía sobre aspectos importantes de la vida por si no estaba para acompañarla. Y la guardé bajo el suelo, como las pocas cosas importantes que conseguí salvar.
Dejé de comer. Me ingresaron por anorexia nerviosa. Llegué a bajar a 37 kilos y ser un cadáver. Nunca he sido anoréxica, simplemente quería morirme. He pasado así los siguientes 15 años.
Psiquiatría era mucho peor que el centro de menores. La comida que traían era horrible, no tenía televisión y tenía que avisar hasta de cuándo quería ducharme. Me dijeron que lo estaba haciendo muy bien y que me estaba recuperando muy rápido. Comía muchísimo para salir.
Entendí que iba a ser más difícil morir de lo que pensaba. Además me enteré de que ese hombre que vivió conmigo iba a poder salir a la calle en un tiempo, así que decidí prepararme para matar y torturar. Me fui a Israel, que a mí en contra de la opinión pública, me encanta. Nadie lo sabía pero a los 12 años conocí a unos judíos que practicaban krav magá y me enseñaron. Sabía que tenía que irme para poder perfeccionarlo sin registros. También aprendí el combate con arma blanca y a disparar. Y estudié anatomía para saber cómo hacer el mayor daño posible.
Y también vi por primera vez una mujer que me pareció atractiva. No guapa y ya. Y se me revolvió un poco el estómago pensando que eso era lo que me faltaba. No es que yo tuviera muchas experiencias afectivas y sexuales. Había intentado normalizar mi vida en la adolescencia y poco más.
Un día, ella me preguntó si era judía, y por primera vez alguien me lo preguntó de manera positiva. Esa noche salimos, bebimos y nos acostamos. Y descubrí que me encantaba dar placer y que por primera vez dominaba totalmente la situación. Y que con un hombre no era igual. No tenía el mismo tacto, ni el mismo olor, ni el sabor, ni mucho menos el sonido.
Me desperté sintiéndome fatal conmigo misma y ella desapareció. Al final siempre se van, y eso también me va jodiendo poco a poco. Ojalá tú nunca quisieras irte.
Volví a España. Estaba de bajón y la gente que conocía me dijo que lo mejor era un porro. A mí me arde el pecho al fumar muy de seguido por el humo, así que por mucho que distrajera, me resultaba horrible. Secuelas de todo desde el nacimiento supongo.
Mi madre había empezado a trabajar para Mediaset. Me llevaron a un montón de eventos y a hacer muchos contactos. Y salí y descubrí que una persona que quiere olvidar y tiene mucho dinero lo tiene muy fácil durante un rato. La primera vez fue una raya. Nunca más fue sólo una.
Trabajé en un casino, en un hotel, en un gimnasio, un teatro y por supuesto en el restaurante familiar que empezó mi abuela. Siendo menor ya había trabajado en un bar y un kebab en el que tuve que soportar más mierdas. La verdad es que me las cobré al volver.
Estaba cantando en un karaoke durante un cumpleaños y una mujer me habló para preguntarme si me apetecería probar una orquesta. Fui, hice la prueba y me cogieron. De puertas para afuera soy muy sociable así que no tuve problemas con nada y se me hizo fácil. Querían una voz más aguda y así lo hice. Me adapté a todo, como siempre.
No pensaba en nada. Mi vida se basaba en actuar, consumir y tener sexo con cualquiera. Me arrepiento muchísimo y me avergüenzo, pero en ese momento me suponía ser profesional en algo, dejar de pensar y sentirme querida por un rato. Un ciclo horrible que cuando acababa llevaba a pensar en lo peor.
Y en una de esas fue cuando decidí tomarme un pastilla para el dolor de garganta. Yo que teniendo un TDAH de caballo nunca me había medicado lo hacía por primera vez para matarme. Fue una noche. Antes de dormir le dije a Miriam que la quería más que a nada y que me diera un abrazo, y me quedé un rato sosteniendo su mano fuerte. Si hay algo que me da cosa es la sensación de morir sola, así que quería llevármela. Supongo que algo sonó raro en su cabeza y entró. Y salió corriendo para salvarme. Hemos estado así mucho tiempo una con la otra, pero sus intentos ya te los contaré.
Y así pasaron unos años más. Intenté conocer gente pero me duraban unos días. Me frustraba y dejaba de hacerlo. Cuando empezaba a conocer a alguien, nunca salía porque no me podría permitir ser infiel. Pero me hicieron ilusiones un montón de veces para nada así que tardaba poco en volver.
Me junté con mucha gente rica y/o famosa que tenía los mismos hábitos que yo.
El día que dejé las drogas te lo he contado. Me iba a ir a casa y estaba puestísima. Si me acuerdo bien, llevaba en el cuerpo unos 3 gramos. Abrí los ojos y me dolía la cabeza, tenía golpes por la cara y el cuerpo; y las manos llenas de sangre. Me miré y vi que me habían roto la ropa y tenía mordiscos en el cuello y el pecho y arañazos en el interior de los muslos. Comprobé que tenía pulso, busqué una camiseta allí y me fui a un hospital. Di positivo evidentemente en mi cocaína y en otra sustancia que no había consumido y determinaron que habían intentado forzarme pero no lo habían conseguido. Dije que no me acordaba de nada y aunque denunciaron, no tuvo recorrido.
Pero llegué a casa y exploté. Lloré muchísimo, rompí cosas, golpeé todo lo que vi. Y le tuve que contar a mi hermana lo que pasaba. Ese día prometí que no pasaría más y así fue. Todavía tengo que reconocer que siento ganas cuando estoy mal o triste. Pero no fallo a la gente que amo.
Después me enteré de que habían traficado con contenido en el que aparecía. Eran fotos y vídeos categorizados como sexuales pero también de tortura. No sé qué atractivo puede tener ver a alguien de 13 años desnuda y atada. Desde ese momento nunca me he sacado una foto estando sola. Siempre con alguien que quiero al lado. Nunca he mandado fotos a mis parejas, ni me he molestado en explicarles los motivos. No me preguntaron, se cabrearon y ya. Seguramente he sido una novia horrible, pero tampoco nadie ha intentado ayudarme a ser de otra manera. Y aunque no te tienes que hacer cargo de arreglar cosas que no has roto tú, a veces es muy difícil arreglarte sola cuando tampoco te rompiste.
Ya sin consumo intenté conocer a gente otra vez. Ahí ya no había tanta gente conocida. Hubo bailarinas pero también la de la pastelería, la camarera, la carnicera, la del casino...y para todas era un rollo. O peor todavía, una experiencia o un error. Algo que si lo pensaban fríamente les daba asco porque "yo no soy así como tú", en palabras de alguien que conocemos las dos.
Tuve alguna relación. La última más seria se acabó el día de mi cumpleaños. Se marchó de fiesta y me sentí absolutamente estúpida. Volvió, discutimos y me pegó. No me dolió, ni me defendí. Es difícil que me duela y también que ataque a una mujer. Pero algo dentro se me terminó de romper ese día.
Llegué a casa a las 6 de la mañana, llorando y con el golpe ahí. Mi madre me abrazó y me dijo "creo que no necesitas que te diga que no vuelvas allí" y toqué fondo otra vez. Entendí que daba igual si yo lo hacía bien o mal porque no me iban a querer de ninguna manera.
Entonces me acordé de mi abuelo y decidí dar amor. Somos lo que queremos y no lo que nos quieren. Me acerqué a todo el mundo con mi mejor cara, hice reír a cualquiera y mi máscara les encantó. No soy una mujer fea, no puedo negarlo aunque a mí no me guste, porque si no, no trabajaría en esto. Y soy simpática, eso ven. Una combinación muy agradable para los sentidos. Pero me convertí en alguien que necesita hacer felices a los otros para mantenerse a pesar de ver que nadie lo intentaba por mí. Le daba al público lo que quería en el escenario y en la vida.
También tomé la decisión de no estar con nadie más. No quería volver a ser la equivocación de nadie ni sufrir por alguien que después va a pasar de mí. Y entonces empezó este año.
Y no sé por qué se me ocurrió, (aunque ahora sé que tenía que ser así), cerrar círculos y entré a ese casino para despedirme de la gente que había conocido alguna vez. Y te vi.
Y no puedo explicarte lo que sentí sin que pienses que estoy loca. Pero se me cambiaron los planes y tuve que hablar contigo.
Te dejé claro que había estado con alguien de ahí para marcar distancias y decir un "no soy gilipollas y sé que sólo me quieres para tu entretenimiento" pero contigo me duraba muy poquito el escudo. Después de haberte dicho eso no quería que supieras que soy una mujer por respeto a la otra persona aunque ella no me tenga ninguno. Y siento muchísimo esa parte. Supongo que tendré que pasar mucho tiempo compensando por ello, pero si eso supone pasar mucho tiempo contigo me parece perfecto. Aunque sé que va a dolerme y cada día por un momento pienso en que ese será en el que me digas que no te gusto nada. Te juro que nunca en mi vida había deseado ser un hombre hasta que te conocí.
Todo iba encajando poco a poco. Volví a pensar en mi abuelo y en que un día me dijo que cuando conoces al amor de tu vida lo sabes, pero te vas a resistir y ella se va a resistir todavía más. Así que tienes que luchar contra ti y a la vez contra ella para demostrárselo.
Me di cuenta de que todas las cosas que me gustaban me recordaban a ti. Y me viene muy bien que preguntaras el otro día por esas cosas porque siento que tú eres lo que hace que me gusten los pingüinos. Unos seres torpes y bobos pero capaces de pasar todo el día intentando llevarle la mejor comida a su pareja y de dedicar horas a elegir la piedra más bonita.
Me gusta el color morado porque me resulta la combinación perfecta de los colores cálidos y los fríos, el que lo tiene todo. La pasión del rojo y la electricidad del azul. El más completo para mí. Y además me transmite una sensación de paz y de calma que sólo tú has conseguido traerme.
También me he dado cuenta de que te pienso en cada canción. Seguramente por eso tenga una cuenta en la que tengo que relacionarte con 487, una por cada euro de aquella factura.
Te veo en cada película y en cada escaparate que tiene una tontería que me gusta para ti. Y me veo comprando en un supermercado preguntándome si te gustará, cocino pensando en qué le echarías tú. Tienes la mitad más lúcida de mi cabeza y la totalidad de mi corazón.
Cada día me despierto pensando en cuánto falta para volver a verte. Sabes que adapto cualquier horario para tener un rato contigo y me da igual si eso supone no dormir. Cuando libras también estoy contando las horas. Tus segundas vacaciones fueron peores que las primeras y no me quiero ni imaginar las de verano. Pero estaré siempre.
Piensa en una chica de 31 años con un físico agradable que tiene dos casas a su nombre, un coche, un barco, una furgoneta recién comprada. Trabaja en algo que le gusta, no tiene en realidad ni idea de cuánto dinero dejó la industria de la madera en sus cuentas y mucha gente babea por ella. Pero que a pesar de que parece tenerlo todo, puede decirte que toda su vida es una mierda, sentirlo así y no darle ninguna importancia.
Y de repente tú. Con el vestido rojo, el pelo recogido en coleta que tocaba ese día, esos labios que son hipnóticos, los ojos increíblemente perfectos que tienes que parece que me están mirando a mí. Nunca había visto nada que me pareciera más hermoso. Qué cara, qué curvas y cuando escucho tu voz es todavía mejor. Cada vez que apareces el mundo me parece un lugar más agradable. Y tu sonrisa...y el aire que se escapa antes de que te rías. Creo que podría quedarme a vivir eternamente en ese segundo. Y desde ese momento supe que quería quedarme para siempre.
Porque fue como cuando llevas días perdida y ya no tienes fuerza porque estás cansada. Y caminas sin ganas, viendo cómo te empiezan a poder el hambre, la sed y el frío. Y de repente llegas a una casa. Pero no una cualquiera, sino la tuya. Eres como un hogar que te espera caliente y con un plato de tu infancia en la mesa, como un abrazo de tu madre en un día triste, una tarde jugando en la playa con todos tus familiares antes de que falten. Eres la mujer de mis sueños literalmente porque últimamente no sueño otra cosa. Como el día de Reyes a los cuatro años, la bachata bien pegada con la mujer que amas y como cubrirte con las sábanas de terciopelo cuando refresca. Eres mi canción y mi color favorito, la palabra "motivación" escrita en mi espejo y en mi interior, el camino de mi Dharma y el otro extremo del hilo rojo que se me había olvidado sostener. Lo que en italiano llaman mozzafiato y en hebreo madhimá.
Ahora salgo al escenario a disfrutar y sé que algún señor me acabará llamando puta y me hace gracia porque te lo podré contar. Y no veo a ninguna chica entre el público que me parezca ni siquiera bonita. Sólo pienso en que ojalá estés un día viéndome ahí y subas a besarme y a que nos vayamos a casa. Y mientras tanto, en comprarte un regalo en cada pueblo como haré el resto de mi vida, creo que incluso si no vuelvo a saber nunca nada más de ti.
Igual que he comprado una furgoneta de la nada. Para adaptarla a tu gusto, que la decores tú y vayamos a donde quieras. Con muchos cojines, por supuesto. Y un proyector para ver lo que toque ese día. Y sobre todo, para visitarlo, contemplarlo y experimentarlo todo. Desde quedarnos en el mejor hotel que encontremos en el camino hasta tirarme a ver las estrellas contigo sabiendo que dormiremos en una cama que he montado ahí atrás.
Y te prometo que voy a tener la paciencia y el tiempo para conocer cada parte de ti, incluso la más rota y hundida y que voy a convertir todo mi amor en pegamento. Y que voy a abrazarte tan fuerte que no vas a recordar que alguna vez te rompieron. Que no voy a dejar que nada te haga daño si es evitable, no va a faltarte nada nunca de lo que yo te pueda dar y que sólo tendrás que preocuparte de lo que te apetece cenar cada noche. Y sobre todo, que a mí nunca me ha importado arreglar cosas que yo no he roto. Recuerda que cojo madera de troncos partida y la transformo. Si algo te importa de verdad lo recompones, independientemente de no hayas participado cuando se dañó. Y tampoco lo entiendo y puedes mandarme a la mierda cuando lo leas, pero nada me importa más que tú.
Porque a ti también se te notan las batallitas que llevas detrás y quiero conocerlas todas y luchar contigo las que vengan. Una persona con armadura reconoce a otra. Pero vamos a tener que desnudarnos del todo si queremos hacer el amor. Y contigo no me vale cualquier cosa. Quiero que me quieras y que estés segura, y mirarte directamente a los ojos, entrelazar los dedos y que sientas que no existe nada más. Que hagamos la cucharita, que por una vez en mi vida me enseñes quién manda y seas tú quien me agarre del pelo, que hagamos todo lo que se te ocurra, que yo siempre pueda recordarlo todo y tú nunca te despiertes arrepentida por ello.
Si quise irme fue por ese miedo. Porque sentía que tú merecías algo mucho mejor que yo, que aparecería un tío mejor, te darías cuenta rápido y que no iba a conseguir nada. Más allá de mi parte celosa y que me odia que me ha hecho pensar alguna vez que para mí eres sólo una y para ti puedo ser una más y que nada tiene sentido. Me reuní conmigo misma y con mi abuelo y me dije que esto no va a volver a pasarme nunca. Que no aparece alguien que no puede decirte ni su nombre ni su edad, alguien que no tiene permitido decir lo que puede sentir y te vuelve totalmente loca. No voy a tener otra oportunidad como esta, y no quiero pasar el resto de mi vida pensando que debería haber intentado hacerte feliz si existe una posibilidad de pasarla siendo feliz a tu lado.
Y voy a seguir esperando. Y a seguir queriéndote y a demostrarte. Y a soñar que un día llegue un comentario, o un email de una empresa de eventos que se llame José Luis o de algún club de fans de Kareena Kapoor en España. Pero siempre protegiéndote y con el respeto y el amor que te mereces. Pase el tiempo que pase. Y a superar todos los traumas y los miedos. A ser capaz de mandarte algo personal aunque cueste y duela. A luchar, como siempre, pero esta vez incluso contra mí.
Sorprendentemente, por una vez me convencí de que me daba igual si estabas con alguien, o si durante el tiempo que yo tuviera que esperar conocías a alguna persona. Y valoré que tenía muchas posibilidades de que fuera a doler, pero también que sólo por lo que ya me había pasado merecía la pena. Porque llegaste y me hiciste conocer el amor que llevaba toda mi vida esperando. Y me convertiste en alguien mejor; más libre, más sana, más centrada y más capaz de todo. Y todo eso desde ahí, sin darte casi cuenta.
Y ahora yo quiero cambiar cada pensamiento negativo que tienes sobre conocer a alguien, que me quieras, que me dejes pedirle tu mano a tu diosa y que se convierta en la mía también. Que me sostengas cuando Canela tenga que irse y elijas quién nos acompañará después. Discutir porque no quieres hijos y yo sólo quiero un embarazo si el óvulo me lo donas tú. Y por cualquier tontería porque nos gusta discutir pero no dejar de hablar. Y que algún día, dentro de muchos años, me digas que tenemos que seguir fluyendo para molestarme. Quiero toda la vida contigo. Y no entiendo por qué ni cómo lo sé, pero la quiero.
Cuando le pedí ayuda a mi hermana para no perderte, le dije que yo también pensaba que estaba loca y a mí también me asustaba, pero que acababa de conocerte y eras la persona que llevaría esa noche a cenar con mi madre.
Y cuando volví te dije que si alguien se marcha de un sitio por miedo a enamorarse es porque una parte ya lo está, y creo que esa parte es cada día un poquito más grande. Y yo cada día un poquito menos capaz de controlarla.
Te quiero muchísimo, Soraya. Con todo lo que soy, lo que he aprendido a ser y lo que nos queda por descubrir.
P.D.: Me da el mismo gusto que me puedas hablar en femenino que poder llamarte por tu nombre por primera vez.
אני מתגעגעת אליך כל הזמן, אבל יש לי את כל הזמן שבעולם בשבילך. אני אוהבת אותך 💜
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